
el Hualle
hacia las nubes,
el Puelche
los mueve
y llora
dingues.
Mi corazón
es de mar,
las gaviotas
me esperan.
La poesía es bálsamo y ácido corrosivo a la vez. No es sensato embalsamar el odio! La poesía tiene base y cima en el hombre: en él se crea y hacia él asciende. La poesía no puede engañar.
Para que
no se salga
el cariño.
Me llevaré
tu espalda
y tu columna,
será
la ruta que siga.
Para que
no se salga
el cariño.
Me llevaré
tus senos
y tus pezones,
será
la cordillera
que mire
de mi balcón.
Para que
no se salga
el cariño.
Me llevaré
tu boca,
para que
sea el beso
de cada mañana,
la fuerza de mis ganas.
Para que
no se salga
el cariño.
Te miraré de lejos
seré un testigo
que te de el abrigo.
Para que
no se salga
el cariño.
Me llevaré
tu cara
y tus ojos,
para que
no veas
a ningún otro.

Todo lo
que comienza
un día,
termina en otro.
Y mi poesía se desespera!!!
¿Me voy de un sueño,
para volver a otro?
O será el mismo
sueño,
que se alimentará
a la distancia:
Con la única
“realidad”
del misterio
ciego,
de una sola
mujer
para un solo
hombre.
¿Mi mirada
Cambiará?
O serán:
Las calles.
Los paisajes.
Los perros.
Que pasará
con este sentimiento
que nació
aquí.
¿Se acostumbrará
tu ausencia,
en la ciudad eterna?
Será tuya
la noche
que me pierdas.
Pero infinita
la vida,
en el recuerdo
de tu vida
en la mía.

En un segundo
pienso en lo que hago.
Escribo con tu lápiz
Faber Castella
y tu cara
se me viene
a la mente
y tu voz
me habla:
¿Sí o no?
Hablamos de Pitágoras
Y Tales.
De pronto
me veo caminando
en una carretera
con pisadas
matemáticamente
calculadas
y busco
el lado mayor
y veo la
Hipotenusa
del campo sureño
abierto.
Maravilloso
fue cuando
trazaste
una tangente
en el círculo
de mi burbuja
y se produjo un ángulo
que teníamos
que buscar.
Tú lo sabías!
Yo no,
aunque lo intuía.
Pero tu ecuación
la llevo
resolviendo
por varios días
y no doy
con tus ojos.
Sólo
descubro
algo en tu
sonrisa.
Le das a la vida
lo que el leño,
le da al fuego.
He caminado
con Verónica Yoadeth,
por una carretera
en la misma dirección.

Tienen
Que escucharme:
Aquí lejos,
en la cordillera.
La lluvia
y la tierra
parecen enemigos.
Pero la lluvia
cae a la tierra
como al vaso
el vino.
Oh enamorados!
Que cierran
sus puertas
con rosas.
Tienen que escucharme:
Yo he caminado
entre pétalos caídos
que pintan
los recuerdos
con espinas.
¿Y cuando no llueva?
¿Y la tierra sea
Asfaltada
para matar al barro?
¿Sobre qué pétalos caminaran?
¿En que espinas sangraran?
Oh enamorados!
Busquen en el mar,
ahí está
la respuesta
del rosal.